19 Jan 2009
Como iba diciendo: un poco de burla de la muerte y de desprecio por todo lo que de supuestamente serio hay en el mundo. Y no lo digo porque crea que "la vida son dos días", o porque "ya la realidad es lo bastante difícil", que no es cierto, sino porque la gentil prudencia del pésame y de todos los protocolos de lo correcto me parecen constrictivos. Vuelva ya la risa y la siempre agradable ridiculización de NULUA.
Y que nadie se confunda, yo estoy del lado de Jorge, al que, contradiciéndome, como de mí es propio, le acompaño en el sentimiento.
Me gustan los malos de las películas, los cuellos almidonados y los monóculos innecesariamente costosos, por supuesto.
Queda dicho y escrito, y como "lo escrito escrito está", frase famosa que me dejó en la historia como soberano judío, pues no borraré nada de lo escrito (por eso y porque nadie me lo ha pedido, que si así lo hiciera, por supuesto que mi reacción sería la de poner en venta mis palabras al mejor postor, disciplina esta tan cultivada en nuestra época).
09 Jan 2009
Oh, amigo Cristoenvisto, veo que nadie ha comentado tu ágil prosa. No te preocupes, yo, osea, tú mismo, te apoyo.
Un beso de mi parte, ed decir, de tu parte.
07 Jan 2009
Si alguien llegara a leer esto y se preguntara por qué diablos está esto aquí y no como comentario al tercer capítulo de NULUA, la respuesta es simple: es demasiado largo.
Recuerdo con limitada claridad una ocasión en la que, perdidamente enamorado de una profesora, y cuando digo “profesora” quiero decir profesor, y cuando digo “perdidamente”, me refiero a que para que la historia que les contaré tuviera lugar, me perdí todos los consejos posibles sobre relaciones interpersonales, y cuando digo “una”, por supuesto me refiero a que esto que hasta aquí han leído no tiene ningún sentido práctico, ni prácticamente ninguna utilidad para entender esta historia, me escondí en el armario que había junto al pupitre y que estaba destinado a guardar los abrigos que nunca se guardaron allí porque provengo de una zona cálida en la que los abrigos no tienen una utilidad real, cosa esta que conecta, dándole al discurso una redondez insólita, con la inutilidad de estas mis palabras, aguardando a que mi amado entrara en el salón y se sentara en su robusto pupitre y sacara su pánica flauta para tocar un bonita melodía empinando la caña hacia el techo en una imagen fálica que sólo los entendido del mundo de la manufactura de este dulce instrumento musical habrán captado, cosa esta que era de él costumbre algo mal vista por los miembros de la asociación de padres de familia, para saltar fuera y declararle mi amor, cosa que en cuanto escuché su música provocadora hice en seguida, con tan mala suerte que al hacerlo perdí un ojo al clavarme su largo instrumento en la cuenca izquierda, momento desde el cuál mi amadísimo maestro dejó de verme atractivo. Por supuesto, y aquí viene la moraleja tan esperada por aquellos mártires que hubieran logrado llegar hasta aquí en su lectura, desde ese día decidí hacerme pirata, no sin antes descubrir al ver la televisión privado de la capacidad de percepción de profundidad, que los pitufos escondían algo turbio. No quiere esto decir, faltaba más, que nuestro amigo Papapitufo esconda algo, sólo era una desfachatez más para que parezca que esto tiene alguna relación clara con el espacio en el que aparece.
Esperaré impaciente el siguiente episodio. De momento añoraré mis travesuras infantiles.
Como te decía, colega en Cristo, eres como Dalí, pero en prosa.
Como iba diciendo: un poco de burla de la muerte y de desprecio por todo lo que de supuestamente serio hay en el mundo. Y no lo digo porque crea que "la vida son dos días", o porque "ya la realidad es lo bastante difícil", que no es cierto, sino porque la gentil prudencia del pésame y de todos los protocolos de lo correcto me parecen constrictivos. Vuelva ya la risa y la siempre agradable ridiculización de NULUA.
Y que nadie se confunda, yo estoy del lado de Jorge, al que, contradiciéndome, como de mí es propio, le acompaño en el sentimiento.
Me gustan los malos de las películas, los cuellos almidonados y los monóculos innecesariamente costosos, por supuesto.
Queda dicho y escrito, y como "lo escrito escrito está", frase famosa que me dejó en la historia como soberano judío, pues no borraré nada de lo escrito (por eso y porque nadie me lo ha pedido, que si así lo hiciera, por supuesto que mi reacción sería la de poner en venta mis palabras al mejor postor, disciplina esta tan cultivada en nuestra época).
Oh, amigo Cristoenvisto, veo que nadie ha comentado tu ágil prosa. No te preocupes, yo, osea, tú mismo, te apoyo.
Un beso de mi parte, ed decir, de tu parte.
Si alguien llegara a leer esto y se preguntara por qué diablos está esto aquí y no como comentario al tercer capítulo de NULUA, la respuesta es simple: es demasiado largo.
Recuerdo con limitada claridad una ocasión en la que, perdidamente enamorado de una profesora, y cuando digo “profesora” quiero decir profesor, y cuando digo “perdidamente”, me refiero a que para que la historia que les contaré tuviera lugar, me perdí todos los consejos posibles sobre relaciones interpersonales, y cuando digo “una”, por supuesto me refiero a que esto que hasta aquí han leído no tiene ningún sentido práctico, ni prácticamente ninguna utilidad para entender esta historia, me escondí en el armario que había junto al pupitre y que estaba destinado a guardar los abrigos que nunca se guardaron allí porque provengo de una zona cálida en la que los abrigos no tienen una utilidad real, cosa esta que conecta, dándole al discurso una redondez insólita, con la inutilidad de estas mis palabras, aguardando a que mi amado entrara en el salón y se sentara en su robusto pupitre y sacara su pánica flauta para tocar un bonita melodía empinando la caña hacia el techo en una imagen fálica que sólo los entendido del mundo de la manufactura de este dulce instrumento musical habrán captado, cosa esta que era de él costumbre algo mal vista por los miembros de la asociación de padres de familia, para saltar fuera y declararle mi amor, cosa que en cuanto escuché su música provocadora hice en seguida, con tan mala suerte que al hacerlo perdí un ojo al clavarme su largo instrumento en la cuenca izquierda, momento desde el cuál mi amadísimo maestro dejó de verme atractivo. Por supuesto, y aquí viene la moraleja tan esperada por aquellos mártires que hubieran logrado llegar hasta aquí en su lectura, desde ese día decidí hacerme pirata, no sin antes descubrir al ver la televisión privado de la capacidad de percepción de profundidad, que los pitufos escondían algo turbio. No quiere esto decir, faltaba más, que nuestro amigo Papapitufo esconda algo, sólo era una desfachatez más para que parezca que esto tiene alguna relación clara con el espacio en el que aparece.
Esperaré impaciente el siguiente episodio. De momento añoraré mis travesuras infantiles.